LAS FUENTES DEL ISLAM
EL SAGRADO CORÁN
     Los musulmanes creemos que el Corán es la palabra de Dios revelada al último de sus mensajeros: el profeta Muhammad, la paz sea con él. El Corán es un mensaje de Dios a todas las personas, pues así lo afirma el propio Corán al decir: Y no te hemos enviado (Muhammad) sino como misericordia para todas las criaturas". (Capitulo 21 "Los profetas": 107). Del mismo modo, el profeta del Islam, Muhammad, recalcó este principio diciendo: "Fuí enviado a toda la  Humanidad. Y también afirmó: "Anteriormente a mí, los profetas fueron enviados a sus respectivas comunidades. Yo, en cambio, fui enviado a todos los seres humanos" (Transmitido por Albujârî, Muslim y otros recopiladores del hadiz).
     El Sagrado Corán contiene 114 capítulos o suras que se componen de aleyas o versículos. La lengua original del Corán es el idioma árabe clásico, lengua con la que hablaban el profeta Muhammad y la comunidad que fue la receptora de la revelación: el pueblo árabe del siglo VII de la era cristiana.
     A través del ángel Gabriel cómo Dios hizo llegar la revelación al profeta Muhammad. Cada vez que Dios dictaminaba revelar parte de Su Escritura al Profeta, ordenaba a Gabriel que descendiese con el mensaje y se lo transmitiese. Es más, por orden de Dios, el Corán quedaba establecido en el corazón del profeta Muhammad para que, a posteriori, éste no olvidase nada de cuanto Gabriel le había enseñado. Dice el Corán: "(¡Muhammad!) Di: Si hay alguien enemigo de Gabriel, que sepa, que es él quien -con el permiso de Allâh- lo ha ha hecho descender paulatinamente a tu corazón en confirmación de los mensajes anteriores, y como dirección y albricias para los creyentes" (Capítulo 2 "La vaca": versículo 97).
      Otra particularidad sin parangón con la que se caracteriza el Corán, es que éste, a diferencia de los otros mensajes revelados, no ha sufrido alteración ni manipulación alguna por parte del ser humano. Tal y como está demostrado, las Escrituras -como la Torá o el Evangelio, por ejemplo- que Dios reveló a diferentes comunidades, sufrieron modificaciones por parte de aquellas personas que, en principio, estuvieron encargadas de cuidar y preservar el mensaje, así como de transmitirlo a sus feligreses. El Corán dice: "¡Ay de aquellos que escriben la Escritura con sus propias manos y, después, dicen: "Esto procede de Allâh", para venderlo a vil precio. ¡Ay de ellos por lo que han escrito sus manos! ¡Ay de ellos por lo que cometieron!" (Capítulo 2 "La vaca": versículo 79).
    El Sagrado Corán, en cambio, se ha mantenido a salvo de cualquier intervención de la mano humana que haya querido manipularlo por diversos intereses. Dios mismo prometió que protegería Su última revelación de cualquier tipo de manipulación humana: "Ciertamente, somos Nosotros quienes te hemos revelado la Escritura. Y somos Nosotros quienes la preservamos" (Capítulo 15 "El pueblo de Hegra": versículo 9).
     
     En el momento en que el Corán fue revelado en su totalidad y el profeta Muhammad -la paz y las bendiciones sean con él- transmitió íntegro el mensaje de Dios a sus Compañeros, éstos se encargaron de recopilarlo, memorizarlo y enseñarlo a las siguientes generaciones. A partir de entonces se generó una cadena de recitadores (qurrâ') (قُـرَاء) que iban transmitiendo, generación tras generación, la Palabra de Diosrevelada a los creyentes musulmanes. Por lo tanto -y ello es algo demostrable- el Sagrado Corán no ha sufrido ningún tipo de manipulación ni alteración; cosa que, como acabamos de citar, no ocurrió con las revelaciones anteriores. 
    Otra de las características que ostenta el Sagrado Corán, es que se recita (tilâwah) (تِـلاَوَة) de una manera especial. Cuando el ángel Gabriel revelaba al profeta Muhammad el Corán, no lo hacía como si de una mera "lectura" se tratase, sino que el Corán era recitado de un modo especial. El Profeta, pues, transmitió a sus Compañeros el Corán tal y como lo escuchó del ángel Gabriel. A posteriori, los propios maestros recitadores del Sagrado Corán analizaron dicha recitación y y establecieron una serie de reglas extraídas de la propia lectura heredada. Esta disciplina de recitar el Sagrado Corán se llama "Las reglas de la recitación" (ahkâm attaÿwîd) (أَحْـكَـام الـتَّـجْـوِيـد). 
     Otra cualidad con la que se caracteriza el Sagrado Corán, es que son decenas de miles de personas a lo largo y ancho de toda la comunidad musulmana en el mundo quienes tienen memorizado el Corán por completo. Mayores y niños, mujeres y hombres, árabes y no árabes, memorizan la Palabra de Dios sin alterar ni una sola letra.  
LA TEMÁTICA CORÁNICA
     El Sagrado Corán, al ser el último mensaje de Dios dirigido a todos los seres humanos, alberga todos aquellos saberes que las personas necesitan para llevar una vida feliz y triunfar tanto en esta vida como en la otra: "No hemos dejado nada en la Escritura" (Capítulo 6 "Los ganados": aleya 38). A continuación citaremos la temática que el Corán recoge:
- Creencia y dogma. El Corán nos habla de Dios, de Su unicidad, de Sus cualidades, de Sus atributos, de Sus más bellos nombres y de cómo se relaciona con Su creación. También nos habla de los ángeles, las Escrituras reveladas, los profetas y los mensajeros y el dictamen (qadâ') (قَـضَـاء) y el decreto (qadr) (قَـدْر) divinos.
- Espiritualidad. El ser humano debe educar y desarrollar la relación que existe entre él y su Señor. Por ello, el Corán enseña a las personas a cómo entablar dicha relación, y qué deben saber y llevar a cabo para desarrollar y fortalecer esa conexión espiritual sin que nada ni nadie se interponga entre ambos.
- Ética y moral. El Islam enseña que todas nuestras acciones deben ajustarse a principios trascendentes humanos universales. Estos principios son los que deben moldear nuestro comportamiento, modales, buen carácter... y, además, son los parámetros que otorgan el valor a los conceptos del bien y el mal.
- La purificación del alma. El ser humano es capaz de desarrollar las más nobles de las virtudes y, al mismo tiempo, es capaz de verse subyugado por los vicios más miserables. El Islam, a través de sus disposiciones éticas y morales, así como de su educación espiritual, enseña a la persona cuál debe ser el camino que debe emprender para ir deprendiéndose de cualidades indeseables e ir adquiriendo aquellas que hacen de todo persona un ser noble.
- Escatología. Los textos revelados, aquellos que proceden del Conocedor de lo oculto (gaib) (غَـيـب), nos informan sobre los sucesos que se darán tras la muerte de la persona y que nadie, absolutamente nadie salvo Dios puede conocer: lo que el difunto se encontrará en la tumba, lo que ocurrirá el día del Levantamiento y la Resurrección, la toma de cuentas ante Dios, el Paraíso y el Infierno. 
- Relatos de los profetas y los mensajeros. El Islam nos expone una serie acontecimientos relacionados con el papel que desempeñaron los profetas y los mensajeros que Dios envió a diferentes comunidades, ya fueran éstas creyentes o grupos que nunca habían recibido ningún profeta. Los profetas más importantes, tal y como nos indica el Corán, fueron los siguientes: Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad.
- Relatos de comunidades de creyentes anteriores. Los textos del Sagrado Corán como de la tradición profética nos transmiten hechos ocurridos a comunidades de individuos que creyeron en Dios y que pasaron por una serie de vicisitudes al ser probados en los principios más importantes de su religión: la fe, la paciencia, el perdón, la perseverancia, la penitencia... 
- También encontramos ciertas parábolas y los símiles que el Corán propone para que, de este modo, el ser humano reflexione sobre asuntos trascendentes relacionados con su existencia, su creencia y todo cuanto le rodea.  
- La reflexión y la meditación en la creación de Dios. Todo cuanto encontramos en nuestro alrededor no es sino obra de Dios. Él ha creado todo lo existente y, además, ha dispuesto una serie de signos en su creación para que sea para al ser humano motivo de reflexión: "Ciertamente, en la creación de los cielos y de la Tierra y en la alternancia del día y de la noche hay signos para que recapacita" (Capítulo 3 "La familia de Joaquín": versículo 190). Cuando la persona medita y reflexiona en estos signos divinos, le evocan una serie de principios fundamentales. 
- Leyes y cánones. Dios prometió a Sus siervos que, aunque debían de pasar por este mundo para ser probados, no les dejaría de lado y que se ocuparía de ellos. Una de las mayores misericordias que el ser humano ha recibido por parte del Creador, es el haber recibido todo un corpus legal basado en una ética y una moral trascendentes y, por ello, es válido para todo tiempo y lugar, ya que se trata de valores universales para todos los seres humanos.
- Las Escrituras reveladas: Dios nos informa en el último de Sus Libros, el Sagrado Corán, que, anteriormente a éste, fueron reveladas unas Escrituras a diferentes profetas. Estas Escrituras -a excepción del Corán- sirvieron como guía para aquellas comunidades a las que habían sido reveladas. Así, por ejemplo, el Evangelio fue la última de las revelaciones que Dios hizo a los Descendientes de Israel. Por lo tanto, el Evangelio como tal -y aun teniendo la certeza de que lo que tenemos hoy día fue la revelación que Allâh hizo al profeta Jesús- no tiene carácter universal, ya que únicamente fue un mensaje reformador para los Hijos de Israel hasta la llegada del Islam.
     Toda esta temática que acabamos de exponer de manera sucinta está desarrollada a lo largo del Sagrado Corán. 
     En el siguiente enlace puede consultarse un índice temática para consultar y conocer las referencias sobre numerosos temas que el Sagrado Corán trata. PARA CONSULTAR PINCHAR AQUÍ.
LA SUNNA O TRADICIÓN PROFÉTICA
 
    Dios hizo descender el Sagrado Corán como guía para el ser humano y, así, éste supiese cómo desempeñar la función para la que fue dispuesto en este mundo. Sin embargo, la Revelación de Dios no sólo está comprendida en el Sagrado Corán, sino, también, en la sunna (sunnah) (سُـنَّـة) o la tradición profética de Muhammad, Su Profeta.
     La diferencia fundamental entre la sunna y el Sagrado Corán, es que éste es la Palabra de Allâh revelada a Su bendito Profeta -la paz y las bendiciones sean con él; y la sunna es el conjunto de acciones, palabras y consentimientos que el profeta Muhammad realizó -bajo la orden y el permiso de Dios- durante su profetismo (mubuwwah) (نُـبُـوَّة) para aclarar y detallar el Corán. Dios mismo hace mención explícita de ello en el Corán: "(¡Muhammad!) Te hemos revelado a ti el Recuerdo (el Corán) para que expliques a la gente aquello que se le ha revelado" (Capítulo 16 "Las abejas": versículo 44.). Por ello, la revelación como tal, queda comprendida en dos cosas: el Sagrado Corán y la sunna o tradición profética.
    Tenemos infinidad de ejemplos que nos muestran el papel que desempeña la sunna a la hora de aclarar y pormenorizar asuntos que son citados en el Corán pero de modo genérico.
      Un ejemplo ilustrador y sencillo de ello lo encontramos en la práctica de una de las prácticas cultuales por excelencia en el Islam: la zalá u oración ritual islámica (salâh) (صَـلاَة). El Corán nos ordena lo siguiente: "Estableced la zalá y dad el azaque" (Capítulo 2 "La vaca": versículo 110). Sin embargo, no se nos dice el modo en que debemos realizar esta oración prescrita. Es en la sunna donde encontramos el modo de llevarla a cabo. Primero, el profeta Muhammad ordenó a sus Compañeros lo siguiente: "Haced la zalá tal y como me veáis realizarla" (Transmitido por Albujârî, Muslm y otros recopiladores del jadiz). Y son muchos los textos que nos han llegado por parte de los Compañeros de cómo el Profeta realizaba la ablución, cómo hacía la zalá, dónde la hacía o dónde había prohibido realizarla... 
    Es con estas dos fuentes -el Corán y la sunna- con las que el alfaquí (faqîh) (الـفَـقِـيـه) o jurista musulmán establece las diferentes normas y preceptos que el musulmán debe adoptar y aplicar. Para ello, además, el jurista debe aplicar los métodos estipulados en la epistemología o fundamentos del derecho (usûl alfiqh) (أُصُـول الـفِـقْـه),
     Sin embargo, no todo cuanto se recoge en la sunna o tradición profética tiene una inspiración divina. Por ejemplo, cuando encontramos textos que nos hablan sobre la vida y obra del profeta Muhammad pero no hacen referencia directa a asuntos relacionados con la legislación o la práctica de la religión o a enseñanzas del dogma, debemos tratarlos como una información que nos transmite aspectos propios de la vida de Muhammad como una persona más que fue. Por ejemplo, encontramos un texto que nos habla sobre el aspecto físico del profeta del Islam; como, por ejemplo, que en ocasiones, se dejaba el pelo largo hasta los hombros. Ello no significa que el musulmán esté obligado a dejarse el pelo largo. Primero, porque no hay ningún texto jurídico que nos indique que debamos llevar el pelo así; y, segundo, porque ello, en sí mismo, no implica un acto relacionado con la práctica del Islam como tal, ya sea en una dimensión puramente legalista, ética o espiritual. Igualmente, encontramos textos que nos hablan de las ropas que vestía el Profeta, como el turbante, por ejemplo. Él, como un árabe más de su época, vestía lo mismo que su gente. Sin embargo, el Islam no nos pide que llevemos los ropajes de un árabe del siglo VII, sino que vistamos conforme a una ética que, entre otras cosas, nos enseña qué partes del cuerpo debemos mostrar en público o no. 
      Otro dato importante que se debe saber, es que los libros que recogen los hadices, es decir, la vida y obra del profeta Muhammad -la paz y las bendiciones sean con él- no son libros de derecho (fiqh) (فِـقْـه). El derecho es aquella disciplina que surge como resultado de la aplicación de una serie de métodos y reglas a la hora de analizar los textos de la revelación, es decir, el Sagrado Corán y la sunna. Por lo tanto, el derecho islámico recoge lo que el jurista musulmán entiende de los textos en lo referente a la práctica del din del Islam. Así pues, en los libros de derecho encontramos cómo debemos realizar los actos de servidumbre o de adoración, o los distintos códigos -civil, penal...- que se forman a partir de los análisis y estudios del alfaquí (faqîh) (فَـفِـيـه) o jurista musulmán. Lo mismo ocurre con el propio Sagrado Corán. ¿Qué significa esto? Pues que no se puede extraer un dictamen jurídico a partir del Corán o de los libros de hadices sin haber recurrido a la metodología para la comprensión de los textos. Por ello, nadie puede emitir una fetua ni una resolución jurídica con una aleya que ha leído del Corán o por un hadiz que haya leído en alguna obra de referencia de la sunna. Nadie puede, sin conocimiento del árabe y de todas aquellas herramientas y metodologías que los sabios musulmanes han estipulado a lo largo de los siglos, realizar un dictamen jurídico. Quien ello hace incurre en una falta de respeto hacia el conocimiento y el saber y, sobre todo, a una fa
      Este trabajo de extraer el conocimiento de los textos lo cita el propio Sagrado Corán cuando dice: "... si lo hubieran remitido al Enviado y a aquellos de los creyentes a quienes se ha dado autoridad, los que se ocupan de investigar la información lo habrían sabido" (Capítulo 4 "Las mujeres": versículo 83".
      Hay personas -incluso una minoría de algunos musulmanes ignorantes- que proclaman que los hadices no son fiables y que, consiguientemente, sólo se debe seguir el Corán y nada más. Estas personas deberían saber que, del mismo modo que los hadices -cada uno de ellos, y uno por uno- tienen una cadena de transmisión desde su recopilador hasta el propio profeta Muhammad, el Sagrado Corán también tiene una cadena de transmisión. Con estas cadenas se ha asegurado y certificado que la transmisión es fiable desde sus fuentes originales. Por lo tanto, aseverar que los hadices no son fiables no tiene fundamento alguno y responde, más bien, a un claro ejemplo de desconocimiento de los conocimientos más básicos del Islam.

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