EL REFLEJO DE LA MISERICORDIA DIVINA EN LA PRÁCTICA DEL DIN

El primer sura del Sagrado Corán dice: “¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso! Esto se les enseña a los niños, y se les enseña a repetirlo en cada una de las acciones que realizan, porque todas nuestras acciones, nuestra vida y nuestra práctica religiosa han de girar en torno a él. Para eso estamos aquí; a él nos debemos.


La palabra árabe que se traduce como misericordia es "rahmah"; etimológicamente viene de la raíz "rahim", que significa útero. Las relaciones familiares se consideran como la interrelación de los úteros. El Profeta dice que las relaciones familiares están enganchadas al trono del Misericordioso; si alguien las rompe, Dios romperá el lazo que le une con él.


En el Islam, hay muchos textos sobre la misericordia. En ellos, el Profeta afirma que los nombres más amados de Dios son: “siervo de Dios” y “siervo de su misericordia”.


El Profeta nos dice algo hermoso: Cuando Dios llevó a cabo la creación, tomó su misericordia, y la dividió en cien partes, es decir, en muchas partes. Tomó una de esas cien partes, y se la infundió a los seres vivos, y, con esa parte, se tratan unos a otros los seres humanos y los animales. Pero las noventa y nueve partes restantes, se las guardó para juzgar a la gente el día del juicio. Esto nos enseña toda la magnitud de la misericordia de Dios. Él se ha quedado con esa inconmensurable misericordia para el día de la resurrección, el día del juicio, en el que tendremos que rendirle cuentas.


En una aleia (un versículo) del Corán, dice Dios: “Mi misericordia lo ha abarcado absolutamente todo”, es decir, en todo cuanto existe, hay signos establecidos por Dios, que el creyente puede encontrar, si lo desea, mediante la meditación y la reflexión. Uno de ellos viene citado en el Corán: “Y forma parte de sus signos, los signos de Dios, haberos hospedado los unos a los otros, y haber puesto entre vosotros amor y misericordia”.


Manifestación de la misericordia en la práctica religiosa

Quiero hablar de este concepto en el Islam porque es más amplio de lo que se cree. En cuanto a la práctica religiosa, el Islam nos enseña que todo cuanto hagamos, absolutamente todo cuanto un creyente realiza buscando la complacencia de su Señor, es servirle. Cuando alimento a mis hijos, cuando los llevo a la cama, cuando los ducho o busco el sustento para mi familia, todo cuanto yo hago con el fin de complacer a Dios, es servirle, es adorarle. No solo servimos a Dios con actos de adoración, de ayuno o de algo que podamos considerar religioso o espiritual; buscamos su complacencia en todos los actos de nuestra vida.


Compañeros del Profeta fueron a él a quejarse diciendo: Mensajero de Dios, nuestros hermanos que son adinerados, que son ricos, ayunan como nosotros, hacen oración como nosotros, pero, como ellos tienen dinero, dan limosnas y ayudan a los demás; nosotros, en cambio, no tenemos dinero, no tenemos medios; tenemos envidia de ellos porque nosotros queremos hacer más cosas. El Profeta les respondió: Decir “Alabado sea Dios” es una limosna; ayudar, quitar algo del camino para que alguien no tropiece, es una limosna; cuando mantenéis una relación sexual con vuestra pareja, eso es una limosna. Entonces, alguien preguntó: Pero, ¿Dios nos recompensa por esas cosas? Y el Profeta le respondió: Si lo hicierais con quien no teníais que hacerlo, ¿Dios os castigaría? Le respondieron: Sí. Pues, a quien lo hace con quien tiene que hacerlo, se lo recompensará. Por eso, cuando una persona está con su marido, con su mujer, con intención de tener un hijo piadoso, Dios le recompensa.


En el episodio del viaje nocturno que relata el Profeta, en el que se encontró en la presencia de Dios, aparece el único momento en el que la palabra de Dios hace directamente al Profeta una prescripción religiosa: la referente a la oración. La primera orden que le dio Dios fue que se realizaran 50 oraciones al día. Cuando el Profeta descendía del cielo, se encontró con Moisés, y este le preguntó: ¿Qué es lo que te ha mandado tu Señor? Me ha ordenado, respondió, que mi comunidad y yo hagamos 50 oraciones. Moisés le dijo: Yo he sido profeta de un pueblo, y sé que 50 oraciones son muchas. Vuelve a tu Señor, y pídele que rebaje la cantidad porque no vais a poder hacer 50 oraciones. El Profeta pidió que se las rebajara a 40, a 30, a 10…, y Dios se las fue rebajando hasta que quedaron en 5. Moisés volvió a decirle: Vuelve a tu Señor, porque cinco oraciones son muchas. Y el Profeta le dijo: No, me avergonzaría de presentarme otra vez a mi Señor para pedirle que rebaje de 5 oraciones. Podemos pensar que son muchas, pero no son nada si las comparamos con todo lo que él nos da a nosotros.


El Corán nos enseña que el ser humano ha sido creado fundamentalmente para dos cosas: servir a Dios y ser “halifa”.

Dios se dirigió a los ángeles y les dijo: He de disponer de un halifa en la tierra. Los ángeles le preguntaron a Dios: ¿Cómo vas a disponer en la tierra de alguien que derrame la sangre cuando nosotros alabamos y proclamamos tu santidad? Y Dios les dijo: Yo sé lo que vosotros no sabéis.


¿Cómo deviene uno regente de Dios en la tierra? Los místicos sufíes han explicado que uno deviene halifa, no por sí mismo, que no puede; deviene halifa o regente de Dios en la tierra en el momento en el que toma el camino que Dios le ha marcado, y empieza a luchar contra su ego, que le invita a las tinieblas, para dejar paso a la luz que emana de Dios. En nuestra práctica religiosa, lo que más importa no es adquirir virtudes, sino quitar vicios, porque, cuando uno se quita los vicios, está atrayendo las virtudes. Es algo costoso, pero, mediante ese trabajo, uno se convierte en un candil luminoso que irradia todas las virtudes y los dones divinos. Uno deviene halifa cuando se quita el odio y el rechazo hacia los demás por ese atributo divino que es la misericordia, siendo misericordioso con los demás.


Algunos dichos del Profeta sobre la misericordia:

Dijo el Profeta en una ocasión: “Los compasivos son tratados con misericordia por el Misericordioso”. “Sed compasivos con quienes están en la tierra, y aquel que está en el cielo será compasivo con vosotros”.

En otra ocasión, estaba el Profeta besando a su nieto, y un beduino de una tribu que se consideraba muy masculino se extrañó de que el Profeta besara a su nieto; hizo un gesto de desagrado, y dijo al Profeta: Pero, ¿vosotros besáis a vuestros hijos? Y el Profeta contestó: Sí. Y el beduino repuso: Yo tengo diez hijos, y no he besado a ninguno en mi vida. Entonces, el Profeta le miró con tristeza, y le dijo: Y, ¿qué puedo hacer yo, si Dios ha arrebatado de tu corazón la misericordia?


Paseando el Profeta por Medina con sus compañeros, vieron a una mujer amamantando a su hijo. El Profeta les dijo: ¿Pensáis que esta mujer tendría valor para echar a su hijo al fuego? Ellos contestaron: Imposible; no podría hacerlo nunca. Respondió el Profeta: Pues Dios es más misericordioso con vosotros que esta mujer con su hijo.


En otra ocasión, dijo el Profeta: Ninguno de vosotros entrará en el Paraíso por ninguna de las obras que pueda llegar a hacer. Ellos se extrañaron, no por ellos, sino pensando en el Profeta, y le preguntaron: ¿Ni tú tampoco, Mensajero de Dios? ¿Tú no vas a entrar por tus obras? Él les dijo: Yo tampoco, salvo que Dios me rodee de su absoluta misericordia.


Dios es justo; ha prometido a sus siervos que tendrán una buena retribución y un hermoso lugar de retorno, si obran tal como él les ha pedido, pero, si entramos en el paraíso es gracias a esa misericordia que él se ha reservado.

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