LA REVELACIÓN DEL SAGRADO CORÁN

FORMA DE LA REVELACIÓN

Dice Allâh en el Sagrado Corán: “En el mes de Ramadán fue revelado el Corán como dirección para los seres humanos y como pruebas claras de la Dirección y del Criterio”. (2: 185).

Y dice: “[El Corán] lo hemos revelado en la noche del Decreto”. (97: 1).

Y dice: “Lo hemos revelado en una noche bendita”. (44: 3).


Estas aleyas nos muestran y nos indican cómo el Corán fue revelado en el mes de Ramadán, en la noche del Decreto (lailatulqadr), una noche bendita. Las aleyas que acabamos de citar hablan del descenso del sagrado Corán de una sola vez. Sin embargo, estas aleyas pueden parecer contradictorias cuando es sabido que el Corán fue revelado a lo largo de 23 años, es decir, los años que duró el profetismo (nubuwwah) del mensajero Mujámmad – la paz sea con él.




LA REVELACIÓN DEL SAGRADO CORÁN DE FORMA REPARTIDA


Encontramos varias aleyas en el sagrado Corán que nos muestran como el arcángel Gabriel descendió -por orden de Allâh- con el Corán al corazón del Profeta. Entre estas aleyas podemos mencionar las siguientes:


- “Es [el Corán] en verdad, la revelación del Señor del universo. * El Espíritu digno de confianza (el ángel Gabriel) ha bajado – a tu corazón, para que seas uno que advierte, – en lengua árabe clara.”. (Sagrado Corán, 26. 192 - 195).

- Di (¡oh Profeta!): ‘El Espíritu Santo (Gabriel) lo ha revelado, de tu Señor, con la Verdad, para confirmar a los que creen, y como dirección y buena nueva para quienes se someten a Allâh”. (Sagrado Corán, 16: 102).

- Di (¡oh Profeta!): ‘Si hay alguien enemigo de Gabriel –él es quien, autorizado por Allâh, lo reveló a tu corazón, en confirmación de los mensajes anteriores, como dirección y buena nueva para los creyentes.”. (Sagrado Corán, 2: 97).


De igual modo, vemos como los verbos utilizados en el Corán para expresar la revelación son (tanzîl), que nos indica la revelación del Corán de forma repartida, y otro con la construcción (`inzâl), que nos indica su descenso de una sola vez al primer cielo. Y como hemos dicho, el Corán se caracteriza en que no fue revelado de una sola vez, sino que lo fue a lo largo de veintitrés años, al contrario de lo que ocurrió con los otros libros revelados anteriormente, los cuales fueron revelados de una sola vez a sus respectivos mensajeros, como la Torá de Moisés, las Hojas de Abraham, los Salmos de David y el Evangelio de Jesús.

Por otro lado, encontramos jadices correctos de como algunas partes del sagrado Corán eran reveladas conforme a los acontecimientos surgidos a lo largo del período profético. Sobre este tema, hay una disciplina dentro de las ciencias del Corán conocida como: "las circunstancias de la revelación" (asbâb annuzûl). Dichas aleyas eran reveladas de cinco en cinco, de diez en diez, o a veces en mayor o en menor proporción. Como por ejemplo, en la azora "las mujeres", encontramos la frase: "sin estar impedidos", la cual es un fragmento de una aleya, que fue revelado así, tal cual.


El porqué de la revelación coránica de forma repartida


A lo largo del tiempo, los eruditos del Islam han ido preguntándose los motivos por los que el Corán fue revelado de forma repartida. Y a través de sus reflexiones, extrajeron conclusiones importantes y dignas de estudio. De entre las más importantes podemos citar las siguientes:


a. Fortalecer el corazón del Profeta


El profeta Muhammad se entregaba en cuerpo y alma con el fin de llevar a cabo la tarea que Al·lâh le había encomendado y, que no era otra, que la de trasmitir el mensaje que Al·lâh le había entregado. Sin embargo, no encontraba por parte de los politeístas de la Meca más que rechazo. Tal actitud por parte de sus paisanos provocaba la tristeza del Profeta, al ver como su gente negaba la Verdad venida de su Señor. Por eso, como todo ser humano que necesita ayuda y estímulo cuando no obtiene el resultado deseado y, únicamente, encuentra a cambio de su esfuerzo y afecto, repulsa y hostilidad, el profeta Mujámmad necesitaba de alguien que le espolease en su ingente tarea de transmitir la palabra divina y, así, no verse influenciado negativamente por el rechazo de su propia gente.

Al·lâh, -alabado y ensalzado sea-, sabiendo que lo que haría la gente de la Meca con el profeta Muhammad, -como norma habitual que se dio con todo profeta que fue enviado a su gente-, utilizando el mismo mensaje coránico, estimuló y cargó las fuerzas del Profeta, recordándole los hechos de enviados y profetas anteriores a él, y como ellos encontraron el mismo rechazo y la misma hostilidad que el Profeta – la paz sea con él – encontraba por parte de su pueblo. Así, podemos encontrar en los relatos coránicos como dichos profetas fueron pacientes en su tarea y aguantaron la ignominia de sus paisanos. Además, vemos como Al·lâh se dirige a su Enviado en varias aleyas del Sagrado Corán sobre este cometido:

- “Y si te desmienten, también fueron desmentidos otros enviados antes de ti, que vinieron con las pruebas claras, las escrituras y la escritura luminosa.”. (Sagrado Corán, 3: 184).

- “Ten, pues, paciencia, como la tuvieron otros enviados resueltos.”. (Sagrado Corán, 46: 35).

- “Te contamos todo esto (los relatos de los profetas anteriores a ti), sacado de las historias de los enviados, para fortalecer tu corazón.”. (Sagrado Corán, 11: 120).


Y cuando más fuerte y amargo era el rechazo por parte de los politeístas de la Meca, el Corán descendía desde la Casa de la Gloria, -y con Gabriel como portador de la buena nueva-, al corazón del Profeta, para así, confirmar y fortalecer espiritualmente su corazón:

- “¡Que no te entristezca lo que digan! Nostros sabemos tanto lo que ocultan como lo que manifiestan.”. (Sagrado Corán, 36: 76).


Y Allâh le mandaba la buena nueva, anunciándole la victoria y el auxilio temprano:

- “Allâh ha escrito: ‘¡Venceré, en verdad, yo y mis enviados! Al·lâh es fuerte y poderoso.”. (Sagrado Corán, 58: 21).


Y en una aleya definitiva, Alá explica el porqué, o uno de los porqués de la revelación coránica de forma repartida:

- “Quienes niegan la Verdad dicen: ‘¿por qué no se le ha revelado el Corán de una sola vez?’. Te lo hacemos revelar de esta forma (gradualmente), para fortalecer, con él, tu corazón. Y lo hemos hecho recitar lenta y claramente.”. (Sagrado Corán, 25: 32).


En un relato de narrado por Ÿâbir, cuenta que la tribu de Qurais se reunió en un lugar donde solían encontrarse y dijeron: "hemos de apodar a este individuo, (es decir, al Profeta), con un nombre desacreditador". Unos dijeron: "¡es un adivino!", "no, no lo es". Otros dijeron: "¡es un loco!", "no, no es un loco". Otros dijeron: "¡Es un mago!", "no, no lo es". Así, acabaron su reunión los politeístas de Qurais con sus conclusiones, las cuales llegaron a oídos del profeta Muhammad, quien, llegarle dichas murmuraciones, se afligió. Y al meditar en ellas cogió un manto y se arrebujo envuelto en él. Y estando así, vino el arcángel Gabriel con una aleya coránica que decía lo siguiente:

- “Tú, el envuelto en un manto! * ¡Levántate y advierte! * A tu Señor, ¡ensálzale! * Tu ropa, ¡purifícala! * La abominación, ¡huye de ella! * ¡No des esperando ganancia! * La decisión de tu Señor, ¡espérala paciente! * Cuando suene la trompeta, * ése será, entonces, un día difícil * para quienes niegan la Verdad, no fácil. * ¡Déjame solo con Mi criatura, * a quien he dado una gran hacienda, * e hijos varones que están presentes! * Todo se lo he facilitado, * pero aún anhela que le dé más. * ¡No! Se ha mostrado hostil a nuestros signos. * Le haré subir por una cuesta. * Ha reflexionado y tomado una decisión, * pero ¡qué decisión! ¡Maldito sea! * Sí, ¡qué decisión! ¡Maldito sea! * Luego, ha mirado. * Luego, se ha puesto ceñudo y triste. * Luego, ha vuelto la espalda, lleno de altivez.* Y ha dicho: ‘¡Esto no es sino magia aprendida! * ¡No es sino la palabra de un mortal!’. * ¡Lo entregaré al ardor del saqar!” (Sagrado Corán, 74:1-26).


FACILITAR LA MEMORIZACIÓN Y COMPRENSIÓN DEL SAGRADO CORÁN El Profeta – la paz sea con él – fue enviado a un pueblo idólatra y analfabeto que no conocía la escritura ni la lectura, como así nos informó Al·lâh Sagrado Corán: “Él (Allâh) es quien ha mandado a los gentiles un enviado salido de entre ellos, que les recita sus aleyas, les purifica y les enseña la escritura y la sabiduría. Antes estaban en un evidente extravío.”. (Sagrado Corán, 62: 2).


Si el Corán hubiese sido revelado de una sola vez, hubiera sido casi imposible el memorizar y el comprender al unísono las aleyas coránicas; por eso fue revelado gradualmente de forma fraccionada, para que de este modo, les fuera sencillo a los Compañeros (sahâbah) del Profeta su memorización. No olvidemos que los medios y los materiales que se tenía entonces para registrar por escrito la revelación no estaban al alcance de todos y no todos sabían leer ni escribir.

Los Compañeros seguían la revelación del Corán paso a paso; memorizaban las aleyas y, cuando comprendían el sentido de las mismas, las aplicaban a su vida diaria y, no pasaban a memorizar otras aleyas hasta que las que habían aprendido en último lugar eran plasmadas en la realidad en actos palpables y visibles. Del mismo modo, los Seguidores (tâbi´în) tomaron el mismo método para enseñar y comprender el Corán a las siguientes generaciones. Cuenta Abu Nad´rah que Abu Sa´îd al-Judrî: "[el Profeta] nos enseñaba cinco aleyas por la mañana y cinco aleyas por la tarde. Y nos informó que Gabriel, -la paz sea con él-, revelaba el Corán -con permiso de Al·lâh-, de cinco en cinco aleyas al Profeta".


LA PAULATINIDAD EN LA LEGISLACIÓN


El Islam vino a una sociedad llena de vicios y depravaciones. Al·lâh, conocedor de la esencia de sus siervos, decidió y decretó que los preceptos, a través de la revelación divina, -ya fuera por medio del Corán o por la tradición profética-, no fuesen transmitidos todos de una sola vez, sino que fueran revelados de manera paulatina, para que así, la nueva comunidad islámica que había comenzado a surgir en la ciudad de la Meca pudiera ir interiorizando y manifestando la práctica de esa nueva consciencia espiritual en la que consiste el Islam.

A lo largo del profetismo del mensajero Mujámmad – la paz sea con él –, observamos como Al·lâh, antes de transmitir el precepto final sobre algún asunto de su legislación revelada, fue ordenando paulatinamente a los musulmanes, pasos concretos y variados, hasta la llegada del precepto que ordenase, de forma definitiva, la prohibición de ciertos asuntos o la obligatoriedad de llevar a cabo ciertos otros. Esto es lo que nuestros eruditos llamaron la paulatinidad en la legislación. Es decir, como Al·lâh fue revelando preceptos de manera especial, para que los musulmanes fuesen alejándose de ciertos asuntos, que a la larga serían proclamados como ilícitos por Al·lâh, de una forma gradual, conforme a la adaptabilidad de sus siervos.

Es así como encontramos muchos ejemplos en la vida de los musulmanes de la Meca, por ejemplo la zalá (assalâh), -a la que estaban y siguen estando todos los musulmanes obligados-, antes de la emigración a Medina y, - más concretamente, antes de que el Profeta realizara por la gracia de su Señor, el viaje nocturno y la ascensión a los cielos y el descenso a los infiernos-, consistía en dos unidades de azalá (raka´atain) por la mañana y dos unidades de azalá por la noche. Sobre el asunto del viaje nocturno (al·isrâ) y la ascensión a los cielos (al·mi´râÿ), a parte de su mención en el Corán: “Gloria a Quien hizo viajar a su siervo (Muhammad) de noche, desde la mezquita sagrada (en la Meca) a la mezquita lejana (en Jerusalén), cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos!”. (Sagrado Corán, 17: 1)


Nos han llegado muchos relatos transmitidos por el Profeta sobre este suceso. De entre ellos, extraemos una pequeña parte del bellísimo y extraordinario acontecimiento del viaje nocturno y la ascensión, fragmento que refleja el momento en el que Al·lâh, -alabado y ensalzado sea-, ordena al profeta Mujámmad el precepto de la zalá obligatoria cinco veces al día:


"… Tras el encuentro del Profeta Mujámmad con su Señor en el último cielo, el Profeta descendió hasta encontrarse con Moisés (Mûsâ) que preguntó al profeta Mujámmad:

- ¿Qué es lo que te ha prescrito tu Señor?, pregunto Moisés.

- Ha prescrito a mi comunidad, -es decir, los musulmanes-, cincuenta zalás diarias.

- Vuelve a tu Señor -dijo Moisés- y pídele que reduzca su número, ya que tu comunidad no podrá soportar cincuenta zalás diarias. Vuelve y pídele a tu Señor que las reduzca.

"Así, -dijo el profeta Mujámmad-, volví a mi Señor y le pedí que redujera el número de zalás, las cuales, tras mi petición fueron reducidas a cuarenta. Y al descender volví a encontrarme con Moisés el cual me volvió a preguntar":

- ¿Qué es lo que te ha ordenado tu Señor?

- Redujo el número de zalás diarias a cuarenta.

- Vuelve a tu Señor, otra vez, y pídele que las reduzca, ya que tu comunidad no podrá soportar cuarenta zalás diarias.

"Así, -dijo el profeta Mujámmad-, volví a mi Señor y, tras mi petición, las volvió a reducir. Esta vez a treinta zalás diarias. Me encontré con Moisés de nuevo y me dijo lo mismo y, cada vez que me encontraba con mi Señor y le pedía que las redujera, las iba restando de diez en diez zalás. Hasta que fueron reducidas a cinco. Volví a encontrarme con Moisés y me dijo lo mismo que me decía en cada ocasión que me encontró con él. Pero esta vez no volví a mi Señor y le dije a Moisés":

- No quiero volver, ya que me avergonzaría de pedirle otra vez para que las reduzca a menos de cinco.


Así, es como se le fue ordenado a nuestro Profeta, -la paz y las bendiciones de Al·lâh sean con él-, cincuenta zalás diarias, las cuales, fueron reducidas por misericordia de Al·lâh para con los musulmanes a cinco únicas zalás. Además, las cinco zalás que llevan a cabo los musulmanes a lo largo del día, tienen la recompensa de las cincuenta zalás primeramente establecidas. De este modo, vemos como a partir del viaje nocturno fueron establecidas, definitivamente, las cinco zalás diarias obligatorias para todo musulmán.

Otro ejemplo claro de la paulatinidad en la legislación lo encontramos en la prohibición de las bebidas embriagantes y como la ilicitud de las mismas pasó por cuatro fases antes de que fueran prohibidas de una forma tajante.

  • En una primera fase, Al·lâh se dirigió a los creyentes, a través del mensaje coránico de la siguiente forma: “De los frutos de las palmeras y de las vides obtenéis una bebida embriagadora y un bello sustento. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que razona”. (Sagrado Corán, 16:67)

Aquí, Allâh – ensalzado y alabado sea –, describió el sustento como bello pero, sin embargo, no dio ningún tipo calificativo a la embriaguez para así, como Al·lâh dice al final de la aleya, sirviera para que los musulmanes razonaran en este asunto.

  • En otra fase Allâh reveló: “Te preguntarán (Mujámmad) acerca del vino y de los juegos de azar. Di: ‘ambos encierran pecado grave y ventajas para las personas, pero su pecado es mayor que su provecho”. (Sagrado Corán, 2:219).


Aquí, vemos como Allâh dio un paso más, dando a explicar a los creyentes, que a pesar de que el vino pudiese encerrar en sí mismo ventajas, el mal que porta es mucho peor que el provecho que se le pueda sacar.


  • En un tercer momento Allâh reveló en el Corán lo siguiente: “¡Creyentes! No os acerquéis ebrios a la zalá. Esperad a que estéis en condiciones de saber lo que decís”. (Sagrado Corán, 4:43).


Vemos aquí, como por primera vez Allâh hace referencia al vino de forma prohibitiva y, sin embargo, no abolió su consumo, sino que prohibió el hacer la zalá en estado ebrio, ya que tal estado no permite que alguien pueda, realmente, saber lo que está diciendo. Además, el no llegar a la zalá en estado ebrio conllevaba el permanecer una gran parte del día sin beber, lo cual, iba menguando el interés por la bebida de aquellos musulmanes que todavía seguían tomando vino.


  • Y, finalmente, llegamos a la última fase, en la cual el consumo del vino fue declarado ilícito de forma tajante. Así, Allâh reveló en su sagrado libro su dictamen final: “¡Creyentes! El vino, los juegos de azar, las piedras erectas y las flechas no son sino abominación y obra del demonio. ¡Alejaos de él, pues! Quizás, así, prosperéis. * El demonio quiere solo crear hostilidad y odio entre vosotros valiéndose del vino y de los juegos de azar e impediros que recordéis a Al·lâh y realicéis la zalá. ¿Os abstendréis pues?”. (Sagrado Corán, 5:90 – 91).


De esta forma, fue revelado el precepto de la ilicitud del vino de forma concluyente e indicándonos el Corán la causa de su prohibición. Nos han llegado relatos que nos describen cómo las calles de Medina se convirtieron en ríos de vino, cuando esta aleya fue revelada, lo que nos muestra la fe y la obediencia que los musulmanes tenían en acatar las órdenes de su Señor.


Otro ejemplo claro que podemos mencionar es el de la prohibición de la usura. Encontramos, del mismo modo que anteriormente, cómo la ilicitud de la usura fue establecida de forma paulatina y no de una sola vez. En este caso, la usura fue declarada ilícita a lo largo de cuatro fases. En la primera de ellas Allâh reveló: “Lo que prestáis con usura para que os produzca a costa de la hacienda ajena, no os producirá nada ante Allâh. En cambio, lo que dais de azaque por deseo de agradar a Allâh… esos son lo que recibirán de Allâh el doble de retribución”. (Sagrado Corán, 30: 39)


Vemos, como Allâh hace referencia a la usura en esta aleya sin declarar, aún, su prohibición absoluta y definitiva. Además, la aleya indica que, a pesar de los beneficios que el fruto de la usura pueda aportar en esta vida material, no aporta al creyente ningún tipo de beneficio ante Allâh. Al contrario que las limosnas y el dinero dado por la causa de Allâh, pues a pesar de que quien las lleva a cabo pueda perder cierta parte de su dinero, en verdad, lo que hace es ganar mucho más, ya que por un lado ayuda a los necesitados y, por otro, Allâh se lo recompensaré, tanto en esta vida y en la Otra.



Más adelante, Allâh reveló en otra aleya: “Declaramos ilícitas a los judíos cosas que, antes, les habían sido lícitas. Ello lo hicimos por haber obrado impíamente y por haber desviado a tantos del camino de Al·lâh; por usurear, a pesar de habérseles prohibido tal práctica, y por haber devorado la hacienda ajena injustamente. A quienes niegan la Verdad de entre ellos, les hemos preparado un castigo doloroso”. (Sagrado Corán, 4: 160 – 161)


Esta aleya, el Corán nos cuenta como la usura era ilícita para los Hijos de Israel y, como por haber trasgredido dicho mandato, entre otros, Allâh los castigó duramente.



En una tercera fase, Allâh reveló: “¡Creyentes! ¡No usuréis doblando una y otra vez (la deuda de la usura)! ¡Y guardaos de Al·lâh! Quizás, así, prosperéis.”. (Sagrado Corán, 3: 130).


Aquí, por primera vez, vemos como Al·lâh prohíbe la práctica de una usura desmesurada, pero sin declararla ilícita categórica y definitivamente. Fue en otra fase, donde las aleyas reveladas declararon su ilicitud permanente y definitiva: “¡Creyentes! ¡Guardaos de Al·lâh y renunciad a los provechos pendientes de la usura, si es que sois creyentes! * Si no lo hacéis así, podéis esperar la guerra declarada de Allâh y su Mensajero. Pero, si os arrepentís (renunciado a la usura), tendréis vuestro capital, no siendo injustos ni siendo tratados injustamente”. (Sagrado Corán, 2: 278 – 279)


Así, observamos como Allâh prohibió la usura de una forma tajante y clara. Por eso, en el Islam, el uso de la usura está totalmente prohibido a cualquier nivel. El que presta dinero, sólo debe de esperar de su deudor aquello mismo que le prestó sin añadir un solo céntimo de más.



Éste y otros asuntos de la misma índole, fueron decretados de esta forma por Allâh, no sólo porque él es misericordioso con sus siervos, sino para que sirviera, también, de lección para todos los musulmanes. Y no sólo para aquellos que vivieron en la época de la profecía, sino para todas las generaciones musulmanas venideras.



Visto lo visto, debemos de tener en cuenta un principio fundamental en nuestro din. No es de recibo, que a alguien que acaba de entrar en el Islam, se le agobie espetándole preceptos religiosos sin ton ni son. Sino más bien, conviene adaptarse a él, de manera que vaya asumiendo los valores espirituales y el porqué de las cosas, ya que Allâh nos ha otorgado una razón para reflexionar y un corazón para discernir.

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